Sensacional de futbol y barras “bravas”

Francisco Torres
Monterrey, Nuevo León.- Los uniformes y las banderas tatúan las butacas del estadio, al unísono canto de un grupo de espectadores que, perfectamente sincronizados, brincan, se mueven, lanzan retos a los rivales (…) y a veces ni al juego ponen atención. Pero, ¿quiénes son exactamente esos animadores?
“Una barra es un grupo de jóvenes que se reúnen en un estadio para dar apoyo incondicional a un equipo de su preferencia, si es que tuviéramos que dar una definición de diccionario. Sin embargo, los medios de comunicación le han puesto calificativos que asocian la palabra con la violencia. Les dicen ‘barras bravas’”, afirma la investigadora Teresa Celestino Rodríguez.
Teresa Celestino lee, investiga y realiza trabajo de campo. Lo único es que su concepto de “trabajo de campo” se apega casi en su totalidad a su significado, pues encuentra en los campos de futbol y sus tribunas un espacio donde la sociedad expresa su sentir, sus pasiones, sus carencias sociales, pero también otra forma de cultura y organización.
Doctora en sociología por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y perteneciente a la Red de Investigadores sobre Deporte, Cultura Física, Ocio y Recreación, Teresa Celestino ha dedicado gran parte de su vida como académica e investigadora a estudiar el fenómeno de los grupos de apoyo a equipos de futbol en Nuevo León, mejor conocidos como “barras”.

Asegura que las ‘barras bravas’ son de Argentina y no de México, pues representan algo totalmente diferente a un grupo de apoyo. Inclusive llegando a participar en actos ilícitos, algo que en México no se acostumbra en los grupos de apoyo.

“En Argentina podemos ver cómo las ‘barras bravas’ establecen acuerdos clientelares, que se someten a las presiones de algunos sindicatos o, lo que es peor, que tienen participación directa con algunas mafias”.
Teresa Celestino asegura que el futbol puede servir para analizar problemas complejos de las sociedades.
Para la especialista, el deporte es una parte importante en la vida del ser humano actual. El hombre se ha convertido en un Homo ludens, alguien que no solo piensa en el trabajo, también en el ocio y la diversión. Una buena parte de los seres humanos satisface el ocio viendo futbol o algún otro deporte.

Antecedentes de la investigación sobre futbol
“El estudio del futbol lo podemos encontrar a partir de la década de los ochenta. Surge a raíz de los acontecimientos violentos que hubo en varios estadios ingleses y belgas, lo cual llama la atención de las autoridades y comienzan a patrocinar a universidades para que investigaran el tema, así como formar investigadores interesados en el tema”.

Norbert Elias, sociólogo alemán, comienza en 1980 a investigar sobre los deportes, basado en sus anteriores trabajos, donde identificaba que los seres humanos encontraban en los objetos algún significado particular. Destacó su libro, nunca traducido al español, Quest for Excitement: Sport and Leisure in the Civilizing Process.

“También encontramos en Eduardo Archetti, sociólogo argentino, a uno de los pioneros. Hizo una escuela con personas que se interesaban en el deporte, por eso podemos decir que Argentina fue de los primeros países de América Latina en abordar el tema no solo como algo lúdico, sino como una especie de crisol”.

En México, Andrés Fábregas Puig, antropólogo, fue uno de los primeros en hablar del futbol y su entorno como una ciencia, con un libro titulado Lo sagrado del Rebaño, en el que analiza cómo el equipo de las Chivas de Guadalajara se convierte en una especie de símbolo para muchos migrantes en Estados Unidos.

“Ningún equipo de México llena tanto un estadio como las Chivas o la Selección Mexicana, por lo que se ha convertido en un fenómeno digno de estudiarse. Es curioso ver cómo un equipo de futbol puede ser un símbolo aun fuera del país”.

Cuestión de “aguante”
“Señores, yo soy Rayado y tengo aguante… aguante”, coro emitido por La Adicción, grupo de apoyo de los Rayados de Monterrey.

“La principal característica que encontramos es que las barras están formadas por gente joven. Son jóvenes de entre 13 a 35 años que tienen sus propios códigos de lenguaje. Existe mucha violencia verbal entre ellos mismos, así como los que no le van al mismo equipo. Pero lo que más los caracteriza es el ‘aguante’”.

El “aguante” se define como el apoyo incondicional a un equipo de futbol, sin importar los resultados obtenidos en el pasado inmediato. Esto incluye un sacrificio de alto nivel, ya que los barristas con “aguante” dejan de lado compromisos familiares, laborales y educativos para dar apoyo.

“A diferencia de la mayoría de la sociedad, esa que valora más el empleo, la familia, la educación, para ellos lo más importante es apoyar a su equipo, ya sea en juegos de local o de visitantes. Tener ‘aguante’ implica tener el equipo como prioridad de vida”.

Conquistando territorios… literalmente
El Santos Laguna denomina a su campo como El Templo del Desierto; los Tigres, El Volcán; América, El Nido; Xolos, La Perrera. En fin, todos encuentran en su sede una especie de trinchera invulnerable, donde su afición los cobija e intimida los pases del rival. Pero, ¿será posible ver un estadio dominado por un ajeno?

Los grupos de apoyo de los equipos de Nuevo León han acuñado la palabra “invasión” para el fenómeno que se presenta cuando, de forma masiva, acuden a un estadio visitante, superando el número de espectadores de la escuadra local.

“Estas son formas de conquistar territorios, de dejar huella. Aquí podemos ver la necesidad de encontrar territorios físicos, pues muchos piensan: ‘No tengo un espacio en mi casa, no tengo un espacio en la escuela, no tengo un espacio en el mercado laboral, pero tengo esto’. A fin de cuentas, es una forma de conquistar un territorio”.

¿Aficionado, fanático o villamelón?
El ambiente natural del estadio de futbol incluye cánticos, coloridas frases folclóricas y la infaltable “carrilla”. No es de extrañar que el peor temor de un hincha sea ser confundido con un villamelón.

“Tenemos varios tipos de personas que asisten al futbol, diferenciados principalmente por la forma en que disfrutan el futbol. Hay aficionados, fanáticos, villamelones y hasta buscapleitos. Todos ellos tienen una forma distinta de apreciar los juegos”.

El aficionado es aquel espectador que no tiene predilección por ningún equipo, lo que le proporciona una etiqueta de imparcial para hacer juicios sobre la calidad y el desempeño exhibido estratégicamente en la cancha. Una de sus principales distinciones es la tranquila expresión de sus emociones, desdeña a los partidarios.

Por otro lado, el fanático es aquel que siente predilección por un solo equipo y que deja de lado la información objetiva de otros equipos, pues el filtro de noticias que hace cuenta con un sesgo propio de un fanático con ”aguante”. En las derrotas de su club, busca justificante, inclusive absurdos, para aminorar públicamente el sentimiento adverso.

Pero la pesadilla de todo asistente radica en ser etiquetado como un villamelón. Este grupo ignora en muchas ocasiones los equipos que juegan, ya que encuentra mayor entretenimiento en las tribunas. Suelen manifestarse, positiva o negativamente, según lo haga la mayoría de los espectadores.

Aparición de las mujeres en los estadios
“El proceso ha sido lento. En un principio, en las barras había cierto rechazo, por la presencia de celos, que podía darse entre dos miembros del grupo, pudiendo provocar una posible división en el grupo. Pero poco a poco, cada vez se ven más mujeres”.

A pesar de esto, Teresa Celestino asegura que dicha incorporación de las mujeres no se da de manera voluntaria, en su mayoría, sino por el interés de estar cerca de los amigos del barrio, siendo una manera de lograrlo apoyarlos en sus actividades.

“Ya dentro del estadio comienzan a sentir amor y cariño al equipo que se apoya, pero son las menos, desafortunadamente. Por ejemplo, son las mamás quienes cosen las banderas, las que participan haciendo las monumentales (banderas gigantes)”.

Sin embargo, cada vez más medios especializados en el futbol comienzan a dar oportunidades a más mujeres para que se desempeñen como analistas, dejando atrás la cuestión de la apariencia como principal virtud.

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