Nochebuena, al rescate de un patrimonio botánico

*Considerada el símbolo floral de la Navidad y en algunos países signo de amistad, la nochebuena es una planta de origen mexicano cuya historia, domesticación y diversidad genética se han estudiado poco.

*Actualmente, las nochebuenas que fueron introducidas a Estados Unidos y al resto del mundo han sido modificadas por el manejo local, mejoramiento genético y biotecnología, lo que ha dado origen a más de 300 cultivares.

*México es de los principales productores pero casi todas las variedades que se producen en invernadero son importadas, lo que crea una dependencia del exterior por material vegetal e incrementos en los costos de producción.

*Aunque son pocas las investigaciones sobre mejoramiento genético de esta planta en el país, científicos de diversas instituciones realizan proyectos que prometen generar variedades nacionales.

Ciudad de México 12 de diciembre de 2017.- Como cada año, a inicios de diciembre, la familia Herrera acude al mercado Madre Selva, ubicado en la delegación Xochimilco, para abastecerse de una peculiar planta de intensas hojas rojas que anuncian la llegada de la época navideña.

Para ellos no hay Navidad sin esta planta en casa. Con confianza declaran que podrían pasar un año sin poner árbol, pero nunca sin una maceta de nochebuena, porque esa planta, aseguran, representa la tradición de su país. Sin embargo, poco se imaginan que sus plantas, y la mayoría de las que se encuentran disponibles en el mercado en esta época, fueron genéticamente modificadas por empresas extranjeras, pese a su origen mexicano.

Esta es la historia de una planta mexicana que es amada en todo el mundo por ser el símbolo de la Navidad y amistad en algunos países, pero cuya historia, domesticación y diversidad genética se han estudiado poco.

Su nombre científico es Euphorbia pulcherrima, pero en los países de habla hispana es conocida como nochebuena, una de las plantas cultivadas y comercializadas con propósitos decorativos (ornato) que, de forma silvestre, crecen en los bosques tropicales de las costas del Pacífico, desde Sinaloa, en México, hasta Guatemala. También en el norte de Guerrero y Morelos.

Además es una de las plantas de ornato de mayor importancia económica en el mundo. Sus ventas anuales superan los 100 millones de dólares en los Estados Unidos, debido a que es el símbolo floral de la Navidad.

En México la actividad económica vinculada con esta especie produjo más de tres mil empleos directos y condujo a la venta de 30 millones de plantas, equivalente a más de 23 millones de dólares, cuya producción se concentra en los estados de Morelos, Michoacán, Ciudad de México, Puebla, Jalisco, Estado de México y Oaxaca, que producen alrededor de 30 variedades.

Además, la nochebuena, que es la planta ornamental de interior de mayor demanda en el invierno, es considerada la flor de la amistad en algunos países, como España.

Una historia con origen mexicano

Su historia está documentada desde la época prehispánica, en los tiempos del auge del imperio Azteca, cuando esta especie era llamada cuetlaxochitl, que en náhuatl significa “flor que se marchita” y era considerada un símbolo de pureza, aunque también se empleaba para curar algunas afecciones de la piel.

De acuerdo con la investigación titulada Datos históricos y diversidad genética de las nochebuenas, publicada en la Revista Mexicana de Biodiversidad, la planta de nochebuena era cultivada en los jardines de Nezahualcóyotl y Moctezuma. Años después fue incorporada por los frailes franciscanos de Taxco a la celebración del nacimiento de Jesús, debido a que su época de floración coincide en fechas de festividades decembrinas.

Sin embargo, el conocimiento de esta planta a nivel internacional ha sido atribuida a Joel Roberts Poinsett, quien fue el Primer Ministro de los Estados Unidos en México en 1825.

Laura Trejo, investigadora del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una de las autoras de la investigación, detalló que Roberts Poinsett, siendo parte de la sociedad científica de América, aprovechó que estaba en Filadelfia y pidió hacer una expedición en México, recorriendo las rutas de Humboldt.

“Vinieron varios naturalistas interesados en la minería y químicos, zoólogos. Siguieron la ruta de Humboldt de lo que era el centro de México hacia Guerrero. En esta expedición recolectaron muchas plantas, animales, minerales y demás. Cuando Poinsett regresa deciden mandar la planta de nochebuena a lo que es el jardín botánico más importante de ese entonces que es el de Bartram y ahí llegan las plantas. Lo que no se sabe es qué pasó en México, quién exactamente las mandó”, señaló.

La incertidumbre de los hechos se centra en que estos ejemplares no estaban bien etiquetados, por lo que se desconoce con exactitud quiénes recolectaron la planta, pero se suponía que eran de Poinsett, porque también envió algunos ejemplares a su casa, en Charleston, Carolina del Sur.

Una vez que la nochebuena llegó a los Estados Unidos se comenzó a escribir sobre la peculiar planta de flores rojas proveniente de México, pero allá fue presentada con el nombre de Poinsettia pulcherrima, en reconocimiento a Poinsett.

“En 1889 los estadounidenses la presentaron en su feria de flores y frutos. Como Poinsett era el personaje más relacionado con esta planta, pues le ponen poinsettia en honor a él. La planta a partir de ese momento comienza a ser cultivada en invernaderos y años después es llevada a Europa”, asegura Trejo.

Actualmente, las nochebuenas que fueron introducidas a Estados Unidos y al resto del mundo han sido modificadas por el manejo local, mejoramiento genético y biotecnología, lo que ha dado origen a más de 300 cultivares.

Documentos históricos señalan que desde la época prehispánica las nochebuenas se cultivaban en el centro de México, y en un manuscrito de 1801 se ilustran nochebuenas en los jardines de la Nueva España con modificaciones con respecto a las silvestres.

Durante una investigación de la doctora Trejo para encontrar el origen genético de la planta, se encontró que los cultivares comerciales de nochebuena presentan únicamente dos variantes genéticas de cloroplasto, el haplotipo 5 y 7. Una de estas variantes, haplotipo 5, está presente también en los cultivares extranjeros y en poblaciones silvestres del occidente y del norte de Guerrero. La segunda variante, haplotipo 7, está presente en los cultivares mexicanos, y se cree que podría ser del centro de México, puesto que está cercanamente relacionada con otras variantes de la misma región.

En una pequeña muestra de plantas sembradas en jardines y parques de la Ciudad de México, fue encontrado el haplotipo 7 en plantas con apariencia silvestre y en cultivares. Por lo tanto, el haplotipo 7 podría ser distintivo de poblaciones silvestres aún no encontradas del centro de México y plantas modificadas conscientemente por el hombre.

“Nosotros queríamos saber la fuente del germoplasma de las plantas que vemos ahorita en todos los mercados. Son plantas silvestres que son adaptadas a invernaderos. Se les dan otros cuidados y comienzan a hacer cruzas, por lo que la planta se empieza a modificar. Son casi 200 años de manejo fuera de México, principalmente por Estados Unidos y ellos han invertido desde los años 50, millones de dólares en investigación, en innovación, en producción. Por lo cual ellos tienen más de 300 variedades de nochebuena”, dijo.

Morelos, un paraíso de nochebuenas

En México, Morelos es el estado con la mayor producción de nochebuenas, generando 41.1 por ciento de la producción nacional total, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), debido a que es favorecida por la condición geográfica, física y climática, con disponibilidad de recursos naturales.

La horticultura ornamental en el estado representa una de las actividades productivas de mayor importancia económica y su cultivo tiene una destacada contribución en el ingreso familiar. Los cultivos de mayor volumen son nochebuena y crisantemo.

“En México se vende nochebuena de dos tipos, una que le dicen de sol y otra conocida como de sombra. La de sol es considerada el ancestro de la mejorada. Su tallo crece bastante, hasta seis metros, y se utiliza en jardines principalmente. La otra nochebuena se la llevaron a Estados Unidos y comenzaron a hacer experimentos con ella para que pudiera convertirse en una planta de interior”, dijo en entrevista Iran Alia Tejacal, profesor investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Una de las especies que más se produce en el estado es la nochebuena de sol (Euphorbia pulcherrima Willd. ex Klotzsch). A principios de los años 60, la planta de nochebuena de sol que más se cultivaba en México era Valenciana, apropiada para jardines. Sin embargo, en esos años comenzaron a introducirse cultivares mejorados, cultivados en contenedor y en condiciones de invernadero para decoración de interiores, principalmente.

Actualmente se reconocen cinco variedades de nochebuena de sol registradas en el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS): Valenciana, Juan Pablo, Rehilete, Belén y Amanecer navideño.

Son variedades de dominio público y son resultado de la selección, reproducción y modificaciones de las nochebuenas criollas realizado por algunos viveristas de Tetela del Monte, Tepoztlán, Oaxtepec, Jiutepec y Ahuatepec, en el estado de Morelos.

En el municipio de Cuernavaca la producción de nochebuena de sol es de mucha tradición, el conocimiento empírico adquirido sobre el cultivo se ha transmitido de generación en generación.

“La investigación de nochebuena de sol se hace de forma rústica porque hay muy poca información sobre cómo se comporta. Los productores lo hacen de forma empírica y el volumen no es muy grande, pues no sobrepasa de unas 100 mil plantas en la temporada”, asegura Alia Tejacal.

Los productores morelenses de nochebuena de sol no aplican tecnología de acuerdo a los requerimientos del cultivo, lo hacen de manera convencional, sin recibir asesoría técnica, debido a que no existen las guías tecnológicas correspondientes.

Sin embargo, a pesar de la gran relevancia de la nochebuena, muy poco se ha investigado sobre su domesticación, variación genética, distribución, estado de conservación y origen de sus cultivares.

“Nosotros estudiamos las variedades de Valenciana y otro que se llama Rehilete y observamos las diferencias entre los dos. Encontramos que la Valenciana absorbe mayor cantidad de elementos minerales a comparación del Rehilete. Esto ayuda para saber cuánta cantidad de fertilizantes es lo que tiene que aplicar el productor para sacar una planta de calidad”, señaló el investigador.

Asimismo, durante el proyecto de la investigación titulada Producción de nochebuena de sol en Morelos, México, se realizó una encuesta a los productores de nochebuena de sol como punto de partida de lo que conocían y diseñar diferentes investigaciones que pudieran mejorar el sistema de producción.

“Hemos trabajado un poco más con la de invernadero porque a pesar de que ya son materiales mejorados, cada año se producen como nueve millones de plantas y salen diversas variedades de varias empresas. Ellos las producen para sus ambientes, pero aquí en México las condiciones son diferentes. Por esta razón, primero las traemos y buscamos la forma para poder controlarlas, una de esas formas es aplicando regulador de crecimiento. Tenemos control como para 22 variedades”, dijo.

Creación de variedades genéticas, una actividad dominada en el extranjero

En los últimos años, 90 por ciento de la producción florícola del país se destinó a satisfacer el mercado local y nacional, principalmente a las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey, Estado de México; y solo 10 por ciento de la producción se exportó como flor de corte y esquejes.

Esta poca exportación se debe a que en la mayoría de las especies se depende en 100 por ciento de las variedades mejoradas que se importan de otros países como Estados Unidos, tanto como propágulos o como semillas; esto crea una dependencia del exterior por material vegetal e incrementos en los costos de producción.

El mejoramiento genético de nochebuena ha sido efectuado en países como Estados Unidos, Francia, Noruega, Austria y Alemania, donde se han generado variedades cuyas principales características son la resistencia mecánica al transporte, resistencia al frío, color, forma y tamaño de las brácteas novedosos, el porte y el vigor de la planta, reducción a la sensibilidad al etileno y mayor duración de las brácteas.

Víctor Rosas Espinosa, quien se dedica a la producción de nochebuena desde 1996 en la región de Xochimilco, señalo que a lo largo de los años se han introducido diversas variedades de esta planta y año con año van evolucionando.

“Todas las variedades que sembramos hasta el día de hoy son variedades importadas, desarrolladas principalmente en Estados Unidos que fueron modificadas para invernadero. Ahorita hay alrededor de 40 colores manejados aquí en México que son variedades que relativamente en el mercado tendrán entre tres y ocho años. Cada año aparecen dos o tres variedades nuevas”, detalló.

Víctor aseguró que estas variedades se diferencian principalmente en el color. Hay distintos tonos de rojos, algún rosa marmoleado o un rojo muy intenso. Aunque el mercado en México domina la preferencia por el rojo, es el gusto especial que tienen los mexicanos.

Desde que Víctor comenzó con esta labor, ha utilizado alrededor de unas 40 variedades y asegura que actualmente la que domina el mercado es una que se llama Prestige, que tiene un rojo muy intenso.

“Desde que era muy niño me tocó ver a los primeros productores de nochebuena en Xochimilco. Para producir nochebuena se requiere mucho conocimiento técnico, la producción no es tan fácil. Mi invernadero era pequeño, de 500 metros cuadrados y fueron por ahí de mil 200 plantas cuando inicié”.

Relató que por las variedades importadas que utilizan, no pagan regalías a las empresas extranjeras, debido a que, por ser México centro de origen de nochebuena, les dispensan ese cobro.

“Han sido empresas principalmente del estado de Morelos que se han dedicado a la producción de esquejes, que son fragmentos de planta de alrededor de ocho centímetros que se ponen a enraizar en condiciones específicas, con una finalidad reproductiva y esas son las que, ya con raíz, se distribuyen a los estados productores de nochebuena. No habrá más de 15 empresas que se dedican exclusivamente a vender esqueje”.

Aunque México es productor y exportador de nochebuena, carece de material vegetal mejorado o semilla mejorada y debe adquirirlas de otros países. En Estados Unidos un esqueje de nochebuena cuesta 10 centavos de dólar; sin embargo, en México dicho esqueje cuesta en promedio 20 centavos de dólar, debido al pago de regalías a las empresas que generaron las nuevas variedades.

Pese al costo de adquisición, las variedades de nochebuena importadas presentan problemas como falta o exceso de crecimiento vegetativo, inicio de floración temprana o falta de pigmentación en las brácteas. Lo anterior ha sido señalado como consecuencia de las diferencias climáticas entre las zonas de producción y las áreas donde se generaron estas variedades.

Por esta razón, los investigadores mexicanos han expresado la necesidad de generar variedades en cada país, como México es su centro de origen tiene la ventaja de que cuenta con plantas silvestres y variedades denominadas de sol, que crecen y florecen en condiciones de sol en jardines, que han sido domesticadas rudimentariamente en jardines caseros, considerándose cercanas a las nochebuenas silvestres. Ambos tipos de nochebuenas podrían ser utilizadas como fuente de genes para nuevas variedades.

Las primeras cruzas de investigadores mexicanos

Aunque todavía son pocas las investigaciones sobre mejoramiento genético de la planta de nochebuena en México, en centros como el Campo Experimental de la Facultad de Ciencias Agropecuarias en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, se han realizado diversos proyectos que prometen generar variedades nacionales.

Uno de ellos es en el que participó la doctora María Andrade Rodríguez, llamado Producción de frutos y calidad de semilla en cruzas de variedades de Euphorbia pulcherrima Willd. ex Klotzsch.

Comenzaron con el proyecto en 2011, pero encontraron que no existían las bases para iniciar el proceso de mejoramiento genético ya que, para hacer cruzamientos e hibridaciones para producción de semilla, primero era necesario conocer la fenalogía de la floración de la nochebuena, algo que no estaba disponible en documentos publicados.

“Con una tesis de maestría que se llamó Morfología y fenología floral de la nochebuena, se hizo por primera vez ese tipo de estudio para determinar la viabilidad del polen de las plantas macho, determinar en qué momento de la morfología de la flor femenina está receptivo para recibir los granos del polen, a qué hora del día se deben hacer las polinizaciones y cómo debemos proceder a hacer el proceso”, explicó la doctora Andrade.

Tras este estudio preliminar se detalló que las variedades que se pueden usar como hembras son las variedades de sol o de jardín porque las de invernadero no retienen el fruto. Una de las conclusiones fue que las plantas que pueden fungir como hembra son las variedades nacionales registradas en el catálogo nacional de variedades vegetales como Belén, Amanecer navideño y Juan Pablo, que tienen flores hermafroditas; y hay otras dos, la Valenciana y Rehilete, pero esas no producen flores.

“Después de esta investigación comenzamos realmente los cruzamientos para hacer la hibridación. Entonces estamos tratando de incorporar características deseables de las plantas que se cultivan en invernadero a las plantas nativas de nosotros”.

De acuerdo con Andrade, el interés de generar variedades reside en que México es de los principales productores de nochebuena, pero todas las variedades que se producen en invernadero son importadas.

“Lo que tenemos ahora nosotros en el invernadero es que sin cubrir las plantas con el plástico negro ellas ya están floreciendo. Entonces las variedades que generemos no van a requerir eso. Desde nuestro punto de vista van a requerir un menor costo en el proceso de producción por el manejo más sencillo. Entre más semillas sembremos, hay mayor probabilidad de que se generen nuevos fenotipos”.

De acuerdo con Víctor Rosas, es de importancia crucial que existan variedades registradas mexicanas porque, además del reconocimiento que implica, sus costos de producción disminuyen.

“Este desarrollo nos va a permitir tener variedades y poder competir en el mercado extranjero y el internacional. También se está desarrollando tecnología como cultivo de tejidos que te permite desarrollar 100 mil plantas en un laboratorio de 10 x10”, dijo.

Desde la generación de su abuelo, la familia de Víctor comenzó con la producción de plantas ornamentales, su papá era industrial y se convirtió en productor. Después el negocio lo adoptaron él y sus hermanos.

Su hija de 13 años, Elisa Rosas, también ha estado aprendiendo sobre el negocio, aunque con un giro más especializado porque le ayuda a Víctor a preparar material en las exposiciones que participan con el fin de preservar la tradición familiar y la de México.

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