Mujeres indígenas y campesinas en prisión

Por Alan Gómez

Baja California.- Rosalva Aída Hernández Castillo, profesora investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), presentó en el CEART Ensenada la segunda edición del libro Bajo la sombra del Guamúchil: Historias de vida de mujeres indígenas y campesinas en prisión, que junto con el documental Semillas de Guamúchil, ahora en libertad son resultado del trabajo que Hernández Castillo realiza desde 2007, abordando el acceso a la justicia para hombres y mujeres indígenas, en una línea de estudio que se conoce como antropología jurídica.

En compañía de Irma Miranda Tello, directora de la Casa de la Mujer Indígena en San Quintín, Baja California, así como de Guadalupe Concepción Martínez, Nelly Calderón de la Barca y Everardo Garduño, académicos de la UABC, Hernández Castillo presentó la publicación como un producto del trabajo colectivo que ella misma coordina con intelectuales que en sus propias palabras “no surgen de la academia, sino de la experiencia misma: intelectuales mestizas, indígenas y campesinas”.

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Foto: Rosalva Aída Hernández Castillo.

Se trata de mujeres internas en el Centro de Reinserción Social (Cereso) femenil de Atlacholoaya, Morelos, quienes conformaron un colectivo llamado Hermanas en la Sombra con el objetivo de plasmar sus experiencias personales, marcadas por la exclusión, el racismo, el sexismo y la opresión económica que persisten en el sistema de justicia en México.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, la investigadora del CIESAS, que además es doctora en antropología por la Universidad de Stanford, destacó la labor de las escritoras, añadiendo que nueve de las 13 mujeres que participaron en el proyecto ya están libres. “Logramos la revisión de sus expedientes. Cinco de ellas aparecen en el documental, son parte de la colectiva ya en libertad, y siguen trabajando por sus compañeras”, afirmó.

 

Atenco, el origen

El despojo de las tierras comunales a los pobladores de San Salvador Atenco y la represión a la protesta social que el gobierno del Estado de México protagonizó en 2006, el cual incluyó la violencia sexual por parte de los elementos policiacos, marcaron el inicio de este proyecto. “Durante esta represión hubo 17 mujeres violadas sexualmente por policías, una de ellas era una mujer mazahua. También había una estudiante de antropología que estaba escribiendo la historia de vida de esta mujer, a quien también violaron y a las dos las metieron a la cárcel. Y yo sentí que pude haber sido yo o mi hija, y me acerqué al movimiento”, afirmó en conferencia.

Hernández Castillo se dirigió al Cereso femenil de Atlacholoaya, Morelos, un centro que según datos de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos, para 2014 presentaba 23 por ciento de sobrepoblación. La investigadora del CIESAS se encontró con muchas mujeres indígenas que desconocían porqué se encontraban presas, que ignoraban su derecho a un defensor de oficio y que no hablaban bien el español.

Ante los obstáculos por parte de las autoridades para revisar los expedientes judiciales, Hernández Castillo se acercó a Elena de Hoyos, una poeta feminista que realizaba un taller de redacción creativa con algunas mujeres encarceladas.

“Me encontré con 15 mujeres que tomaban el taller, ninguna indígena. Todas con algún nivel de escolarización. Les expliqué lo que quería hacer y me propusieron: si a ti no te dejan entrar y a nosotras no nos dejan salir, enséñanos a escribir las historias de vida de esas mujeres que no saben leer ni escribir. Me pareció una idea maravillosa y empezamos en este proyecto”, explicó Hernández Castillo.

 

Una misma lucha

En palabras de Hernández Castillo, la prisión, en contraste con la imagen popular y mediática, también puede ser un espacio de construcción de solidaridad. “Las mujeres mestizas entrevistaban a las indígenas para recabar la información a mano y una vez a la semana trabajaban las

Acorde con su sitio web, la Colectiva Editorial Hermanas en la Sombra está conformada por veinte mujeres internas del Cereso de Atlacholoaya, Morelos, y un conjunto de mujeres al exterior que buscan dignificar a las mujeres en prisión a través de la publicación de sus escritos. Si deseas conocer más sobre el trabajo de Rosalva Aída Hernández Castillo, puedes visitar este enlace.

historias conmigo, luego, una vez al mes lo leían en voz alta en la prisión. Fue una experiencia catártica, porque el racismo de la sociedad mexicana también estaba presente en la cárcel: las mujeres mestizas y las mujeres indígenas estaban separadas, había mucha exclusión; y hablar de estos temas llevó a momentos en donde algunas mujeres mestizas incluso pidieron perdón a las mujeres indígenas”, afirmó en conferencia.

El proyecto, que también generó el documental Semillas de Guamúchil, ahora en libertad, a cargo de Carolina Corral, y una serie radiofónica en Radio UNAM, continuará con la propuesta de nuevas publicaciones por parte de la colectiva, trabajo que se financiará con la venta de los libros. “Es el caso de una compañera que en el transcurso del proyecto aprendió a leer y a escribir, y ya terminó su libro”.

Para Hernández Castillo, esta próxima entrega, como un caso de educación intercultural, es un fenómeno interesante, “porque no realizamos ningún proyecto de alfabetización, era un proyecto de escritura creativa; pero cuando se leían en voz alta las historias, las mujeres que no sabían leer tomaban los textos para seguir las palabras, y poco a poco comenzaron a aprender. Yo creo que fue la parte emotiva, la importancia que tenía para ellas contar su historia, lo que contribuyó a acelerar el proceso de alfabetización”, concluyó la investigadora, destacando que existe una línea de la antropología de la educación que explora la importancia de la lectoescritura en el proceso de emancipación.

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