Luis Echeverría en CU

Códice / Juan Manuel Asai

Ciudad de México 17 de enero de 2018.- En aquel tiempo, hablo de 1975, era estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Una mañana corrió por la escuela la versión de que el entonces presidente Luis Echeverría acudiría a Ciudad Universitaria a encabezar la ceremonia de inicio de clases.

Supuse que era un rumor, algo que no podía ocurrir, pues entre la comunidad universitaria y el gobierno había muchas cuentas pendientes, entre ellas, por mencionar sólo dos: Tlatelolco y el Jueves de Corpus, como para pensar que el Presidente se apersonara en el campus como si nada.

Alguien convenció al mandatario, o más probablemente, él se convenció a sí mismo de que era una idea estupenda y se metió al auditorio de la Facultad de Medicina, atestado de estudiantes que lo repudiaban. Como andaba por ahí decidí caminar hasta Medicina para ver qué estaba pasando. Al acercarme vi gente corriendo, algunos con mantas, de modo que supe que el Presidente estaba adentro. Como pude me metí y me ubiqué en el piso de arriba. Era un caos total. Todavía hoy no entiendo cómo fue que el Estado Mayor Presidencial no se opuso a la presencia de su jefe en ese lugar, en esas circunstancias.

Abajo, haciendo perímetro a LEA, había jóvenes afines al mandatario que medio aplaudían y que intentaron lanzar “goyas” que pocos escucharon. El doctor Guillermo Soberón era el rector y, en esa calidad, fue anfitrión. Al comenzar el discurso de Echeverría, se generalizo el grito de ¡Fuera! ¡Fuera! Aunque usted no lo crea, el mandatario se enganchó, se enojó y comenzó a regañar a los estudiantes. En serio. Les gritó: “Jóvenes del coro fácil”, y otras cosas. Los ánimos, caldeados, se enardecieron.

Ante la imposibilidad de continuar, Echeverría —recuerdo esa imagen con nitidez— dijo a su equipo: “Vá- monos” y comenzaron a buscar la salida jaloneándose de una lado para otro. Antes de alcanzar su vehículo un pedazo de maceta impactó en la frente del mandatario que salió de Ciudad Universitaria descalabrado. La relación entre el Gobierno y la Universidad nunca se compuso, aunque con el tiempo alcanzó una convivencia civilizada.

Varios de los rectores terminaron trabajando para el gobierno, incluyendo, claro, a Soberón. De hecho, el doctor José Narro fue animador del más reciente proceso de selección de candidato presidencial del PRI.

Recordé ese episodio de mis lejanos años universitarios el lunes pasado en la noche cuando en las redes sociales comenzó a circular la versión de que Echeverría, hoy un nonagenario, había muerto. La noticia falsa cayó en terreno fértil, pues es un hombre mayor que ha estado fuera del escenario político por décadas. Lo primero que me vino a la mente fue su grito de “Vámonos”.

Eran otros tiempos, los del partido hegemónico, casi único. Los tiempos de la dictadura perfecta. De hecho, un año después, en la elección presidencial de 1976, hubo un solo candidato presidencial, el del partido oficial: José López Portillo, amigo del Presidente desde la juventud.

Echeverría hizo durante su mandato varios intentos de acercarse a la izquierda, con fortuna desigual, Logró por ejemplo convencer a Carlos Fuentes que dijo una frase que ahí queda para que conste en actas: “Para México las alternativas son Echeverría o el fascismo”.

Pocos meses después del malogrado episodio en Ciudad Universitaria, el gobierno de Echeverría instrumentó el llamado “golpe a Excélsior”, con lo que ayudó a crear la leyenda de Scherer y puso una distancia con los grupos progresistas que nunca se pudo reducir. Hasta donde se sabe, Echeverría está hospitalizado. Padece una neumonía leve.

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