La Sección 22 va por guerra de baja intensidad vs nuevo IEEPO Magisterio oaxaqueño

*El magisterio, aún con armas para deslegitimar la nueva estructura
Adrián Ortiz Romero
El gobierno de Gabino Cué Monteagudo debe tener clarísimo que los riesgos de un contraataque magisterial, no están conjurados. Si bien parece que la reestructuración magisterial es a fondo, y que en ella tiene el pleno respaldo del gobierno federal, ahora es el momento de hacer valer con todo denuedo esa condición. No hacerlo, y no prepararse bien frente a un posible boicot de la Sección 22 al inicio del ciclo escolar o una guerra de baja intensidad al interior del Instituto, será tanto como cancelar los avances logrados hasta ahora en la misión de los gobiernos estatal y federal, de reformar el IEEPO y la educación en Oaxaca.

En efecto, en la historia reciente del país existen innumerables ejemplos de cómo descabezar a un poder fáctico predominante, no es una cuestión que pueda ocurrir por decreto y mucho menos en un solo acto unilateral. En otros procesos más o menos similares, en los que un grupo ha tratado de despojar del control político a otro, que ha sido hegemónico, resulta una tarea compleja en la que deben cuidarse todos los flancos que quedan abiertos. No existe certidumbre de que el llamado “nuevo IEEPO” esté entendiendo cabalmente esa circunstancia.

La semana pasada, por ejemplo, se filtró una lista con nombres de funcionarios y los salarios que presuntamente percibirían por sus labores en el nuevo IEEPO. Dicha lista era en realidad una imagen tomada a un monitor de computadora, en el que se apreciaba una lista de nombres y montos hecha en un programa casero de hojas de cálculo. Quienes conocen de recursos humanos y manejos de nómina en el gobierno estatal, saben que los tabuladores de salarios y las incidencias económicas de un trabajo, se gestionan en bases de datos y programas de computadora mucho más complejos que el conocido como Excel, que está presente en prácticamente cualquier computadora de uso cotidiano.

El problema es que frente a la filtración de esa presunta lista de salarios de algunos de los principales funcionarios del nuevo IEEPO, no hubo una respuesta clara por parte de la administración del nuevo Instituto. Más bien, dejaron correr la versión —que en redes sociales se dio por buena desde el primer momento, ante el vacío de información y que encontró campo fértil en la polarización actual— seguramente bajo el entendido de que no iban a desvirtuar información endeble en sí misma, como las imágenes de la supuesta lista de salarios.

Aquí la pregunta sería no si el IEEPO tenía que desvirtuar la lista, sino de dónde salió. Pues bien pudo ser producto de algún ocioso que se puso a recopilar nombres e imaginar salarios, pero también pudo haber sido extraída de alguna computadora del Instituto. Si en éste último supuesto, el funcionario que elaboró la lista aludida, lo hizo en un programa común como Excel, justamente para no darle ningún tipo de formalidad y poder restarle fácilmente toda veracidad, entonces la falla estuvo en la fuga. Esa fuga de información debió darse, como siempre, desde dentro. Y entonces lo que el IEEPO tendría que verificar —más allá de que acepte o no, si los datos ahí contenidos son correctos— en dónde estuvo la falla y, sobre todo, prepararse para la guerra de baja intensidad que viene, y que sin duda habrá de darla la Sección 22 del SNTE en su intento por defenderse.

¿QUIÉN Y CÓMO SE SELECCIONÓ AL PERSONAL DEL NUEVO IEEPO?

En nuestra entrega del miércoles 5 de agosto pasado, dábamos cuenta de algunas inconsistencias cometidas por el oficial Mayor del Nuevo IEEPO, José Ramón Ramírez Peña, al fundamentar el cambio de adscripción de cientos de personas que laboraban en las oficinas centrales del Instituto, y de la incertidumbre que privaba entre los propios empleados sobre cuáles habían sido los criterios de adscripción utilizados para decidir quién continuaba laborando en las oficinas centrales —y teniendo contacto con información, documentación y procesos esenciales para el funcionamiento del Instituto, como esa lista en la que vienen nombres y referencias de personas de reciente ingreso al Instituto— y a quiénes moverían a otros centros de trabajo.

Según la versión de los empleados, apuntamos en aquel entonces, no hay claridad en cuáles fueron las razones por las cuales se decidió qué empleados se iban a otras áreas, y quiénes se quedaban en las oficinas centrales del Instituto. Esta falta de claridad, también atribuible a la Oficialía Mayor, pero compartida con los titulares de las áreas que fueron recientemente nombrados, ha generado dudas que hasta ahora no han sido despejadas.

¿Qué criterio utilizaron?, preguntábamos, al tiempo de abundar en al menos dos versiones: Hay quien dice, apuntamos, que uno de los mecanismos fue ver quién de todos los trabajadores se atrevía a entrar desde el primer día a las instalaciones centrales del IEEPO, mientras la Sección 22 llamaba desesperadamente a no hacerlo. Otra versión, dice que la selección y la segregación se está haciendo casi azarosamente. Una más —la que siempre existe y que atiende a la sempiterna teoría conspirativa— apunta a que los trabajadores que están siendo avalados para continuar realizando funciones dentro de las oficinas centrales, son los que ya tienen algún tipo de contubernio con los nuevos directivos.

Hoy, frente a la filtración de supuestas listas de personal y salarios filtradas, el nuevo IEEPO y Moisés Robles Cruz deben pensar con toda claridad qué están haciendo. Ya no es necesario que acepten o no la veracidad de la lista. Da lo mismo. Más bien, al interior, deben revisar qué están haciendo con exactitud, qué medidas están tomando para blindar el funcionamiento del Instituto frente a las condiciones actuales o inminentes, y qué fallas han cometido.

¿A CIEGAS?

Si con esa lista —quizá obtenida por una fuga de información; quizá obtenida por una mala selección del personal que continuará laborando en el instituto, y que seguirá teniendo contacto con información sensible— les clavaron una primer banderilla, ahora pensemos qué pasaría si esa información incorrectamente manejada sirve para que la 22 prevea los movimientos que planea el Instituto de cara al arranque del ciclo escolar, y le sirve para tomar ventaja. La Sección 22 no se dejará ganar tan fácil. Y si el nuevo IEEPO le presta ayuda con titubeos y fallas, entonces no sólo estarán en riesgo las acciones cercanas, sino toda la legitimidad que envuelve a la toma de estas importantes decisiones para Oaxaca, y para el país.

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