¿Cuánto vale anular nuestro voto?

Roberto López Rosado*
“No votar o anular el voto, ni cosquillas le hace al sistema” y de ello “se aprovechan los vivales, los que viven del sistema”, señaló el obispo de la diócesis de San Cristobal de las casas, Chiapas, Felipe Arizmendi.
De por quién vienen estas afirmaciones es interesante reflexionar sobre ellas porque como ha dicho el prelado, abstenerse de votar o anular el voto “no logra los resultados” que buscan quienes promueven esta medida.
Los abstencionistas que de manera insistente lo han venido haciendo, no sé si lo hacen porque están convencidos de que es la mejor manera de protestar en contra de quienes hacemos política partidaria o porque detrás está toda una intención, permitirle al PRI se vuelva a afianzar en el poder.
Efectivamente el obispo tiene razón cuando afirma que “el sistema no se debilita, sino que se fortalece, pues con los pocos votos válidos que se emitan, queda elegida la persona, que a lo mejor no es la más conveniente, y con su abstencionismo colaboran para que esos malos candidatos perpetúen la corrupción y el estilo de democracia que tenemos”.
Si hacemos memoria, desde luego que esta no es la primera vez que cierto grupo de personas y analistas políticos han invitado a la población a que se “revelen” y por medio del abstencionismo protesten porque dicen que los diputados o senadores se la pasan sin hacer nada, que no cumplen con su responsabilidad legislativa, que le significan una gran carga al erario público.
Probablemente en cada legislatura, hay diputados y diputadas que incumplen con su responsabilidad que le dieron sus electores y desde luego se merecen castigo, pero la mejor forma de inhabilitarlos es votando en contra del partido al que pertenecen, por incumplir con su responsabilidad legislativa, y sí, efectivamente, los problemas del país no son exclusivos del PRI como señala el analista José Antonio Crespo –uno de los principales impulsores del voto nulo, quien rechaza que el voto nulo al final termine favoreciendo a este partido.
Sin embargo creo que la mejor manera de externar nuestra protesta es yendo a votar por un partido y un candidato diferente al que uno considera no cumple con su responsabilidad o contra el partido que ha incumplido con su propuesta electoral.
En el 2009, hubo un grupo de analistas políticos que también promovieron el voto nulo como un mecanismo de protesta para mandar un mensaje a quienes hacemos política. ¿Cuál fue el resultado? No pasó nada, Siguió sucediendo lo mismo que los anulistas reclamaban.
Por ello estoy convencido que anular el voto no lleva a nada a quienes externar de alguna manera su descontento con quienes fueron electos, ya sea el Presidente de la República, los gobernadores, presidentes municipales, diputadas o diputados y senadoras o senadores.
Por ello, creo que sí, efectivamente, a quien se beneficia anulando nuestro voto es al PRI, porque tiene toda una estructura que le permite tener una mayor posibilidad de ganar las elecciones, además, como ya lo he venido denunciando, tiene todo el aparato del Estado que le permite comprar el voto de las y los ciudadanos, incluso, coaccionar a la gente para que voten por las y los candidatos del PRI.
En tal sentido, si se quiere castigar al PRI, no se va a lograr nada anulando el voto, porque al final este partido va a seguir siendo mayoría. Por el contrario, lo que debemos hacer, y yo diría, los analistas políticos, es promover el voto libre y razonado.
Eso es lo que necesitamos, que la gente vaya a las urnas conociendo verdaderamente por quién va a votar; cuál es el proyecto e ideología de cada partido político y quién es cada uno o una de las candidatas que buscan el voto ciudadano.
Durante la campaña electoral pasada para conformar la LXII legislatura, principalmente los candidatos del PRI, del partido verde, el Panal y el PAN, nunca nos dijeron a sus electores que iban a votar por las llamadas reformas estructurales como la energética, la laboral, la educativa, la hacendaria y otras muchas que hoy sabemos van en contra de las mayorías y del propio país.
Por eso, aplaudo a Javier Arizmendi que anuncia sí acudirá a votar y que invitará a la comunidad, a principalmente a la indígena,que participe con su voto, y que se fije a quién se lova a dar, porque es necesario “conocer a los candidatos, su historia, su experiencia, su capacidad, su coherencia de vida, su honradez, su familia, su creencia”.
Desgraciadamente las necesidades económicas de la población son muchas y de ellas se aprovecha el gobierno y su partido para comprarles su voto o, como ya lo decía, para coaccionarlos. Por eso es importante que el obispo haga un llamado a la población a “no dejarse engañar por los regalos que puedan recibir en los mítines políticos, ni por la publicidad machacona, ni por las promesas sin sustento”.
También es importante que reflexione y haga reflexionar a la población a votar de manera libre y razonada; y por lo mismo es importante meditar si realmente anular nuestro voto nos va a llevar a que las cosas cambien; que las y los diputados del PRI van a ser legisladores independientes del presidente de la República, que van a hacer leyes que favorezcan a la población y no a los intereses de los grupos de poder, que no van a recibir línea de los grandes corporativos nacionales o extranjeros.
Afirma Arizmendi con toda razón: “el rumbo del país depende en gran manera de los diputados federales”, y de quien llegue a San Lázaro, precisó por mi parte, depende de nuestro voto, anularlo, estoy seguro es como dárselo al PRI.
*Diputado federal del PRD por Oaxaca

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